viernes, marzo 17, 2017

Vista nocturna: Cocoon Tower. 夜景:コクーンタワー

Aprovechando que hoy ha sido el último día de clase, subo una foto desde la última planta de la Cocoon Tower, el edificio de la desde ahora mismo ex-escuela, donde nos han dejado subir hoy extraordinariamente, porque los alumnos no tienen permitido entrar.

Un poco demasiado clara igual, pero así se puede apreciar todo mejor.

domingo, marzo 12, 2017

Siempre adelante (2): a dia 12 de Marzo.

Y ahí me encontraba yo, de camino a la escuela justo en la pasarela automática de Shinjuku estupefacto. Colgué el teléfono y pensé. Pensé mucho pero no tenía tiempo porque en ese momento era una persona sin trabajo y casi sin ahorros porque me los había gastado en ropa muy formal para la embajada por lo que había que reaccionar en ese mismo momento.

Lo primero que hice fue ir a la escuela y decirle a mi profesor lo que había pasado y que hoy no iba a clase porque me iba corriendo al Bic Camera (que está justo en el edificio de al lado) a ver si podía volver a trabajar allí. Era lo que me parecía mejor en ese momento, ya que me había ido de allí por todo lo alto y me parecía mejor que buscar un trabajo nuevo, porque además perdería mucho tiempo y dinero. Un dato importante es que mi contrato rescindía el 31 de Julio, por lo que estaba oficialmente de vacaciones aún aunque con todos los papeles firmados e incluso ya no hacía falta ni que volviera para devolver nada.

Fui corriendo a mi planta, encontré a mi encargado y le dije que tenia que hablar con él y le expliqué lo sucedido y . Su respuesta, sin dejarme acabar de hablar fue: “por supuesto. Déjame hablar con recursos humanos y te digo algo”. El día después a las 10 de la mañana me llamaron para decirme que por supuesto y que cuando re-comenzaba y que con las mismas condiciones y sueldo que hasta que lo dejé. Sí! Había conseguido revertir la situación en unas horas, aunque me tocaba comenzar otra vez el mismo proceso de buscar trabajo infructuosamente. El lunes volvía, aunque estaba destrozado mentalmente y tenía dudas de si podría soportarlo, porque además ese trabajo es un poco castigado al tener que ir arriba y abajo por 6 plantas y estar todo el rato de pie, pero al menos tenía algo.

Recuerdo el lunes que volví. Me sentía tan triste y “perdedor” que solo tenia ganas de esconderme, pero al llegar allí todo cambió bastante. Mis compañeros me recibieron con una gran sonrisa y diciéndome “Okaeri” (una forma cariñosa de decir bienvenido, aplicado a este caso). Todos. Me dijeron que estaban muy contentos de volver a tenerme y que ya sabía lo que tenia que hacer: lo de siempre, que no había cambiado nada. Fue un momento tan feliz, me sentí tan reconfortado y tan aceptado que me comenzaron a caer lágrimas en medio del salón común. Después de todo lo que estaba pasando, tener un sitio a donde volver y que todo el mundo te acepte y te quiera en un país con una cultura y una manera de pensar tan diferente es maravilloso. No tengo palabras para describir cómo se los agradezco. Así que mi manera de demostrarlo era trabajando.

En la anterior etapa era tal la confianza que por ejemplo me encargaban a mí el enseñar a los nuevos que entraban en mi sección y alguna de alrededores y asistía a las reuniones como representante de los empleados “por horas” del la 5a planta y de los  intérpretes conjuntamente… una locura. Por supuesto volví a hacerlo con gusto.

Pero como ya dije, la vida continua y tenia que comenzar otra vez de casi cero, pero esta vez la montaña era más alta, la pendiente más empinada y el lastre psicológico mayor… unos días después volví a apuntarme a decenas de anuncios, personalizando los currículum y las cartas de presentación al máximo para cada empresa no pudiendo dormir hasta altas horas de la madrugada, pero infructuosamente porque solo recibía el típico mensaje copia-pega “lo sentimos pero no cumple el perfil”. Incluso de empresas que buscan a gente que hable español y japonés para hacer cosas en España y América. Nada, ni siquiera entrevistas.

Conseguí una entrevista para una empresa de juegos de smartphone que buscaban localizadores. Todo fue bien e incluso me dijeron que me enviaban, a gastos pagados a hacer la última entrevista, pura formalidad, a Nagoya. Fui, la hice y me tumbaron. Es lo que hay. A estas alturas ya no me sorprende nada. Luego otra a través de la escuela que no sirvió para nada, pero aparte de eso la nada total.

Yo a esas alturas, ya en Noviembre, pensaba que igual hasta tenía una maldición. Yo no creo en esas cosas pero Keiko se empeñó en que fuéramos a un templo para quitármela de encima. Fuimos e hice un Hitogata Nagashi (人形流し), el que aunque el objetivo original es un poco distinto, consiste en restregarse por el cuerpo un papel con forma de monigote para “transferir” los males y dejarlo deshacerse arrastrado por una corriente de un pequeño canal o río que hay. Mi monigote al verse arrastrado se dio la vuelta y se aferró a una piedra como resistiéndose a deshacerse y acabó desmembrado. Fue una imagen muy malrollera porque parecía que estaba vivo.

Un poco después de eso me respondieron un mail y concerté una entrevista. Una empresa que se dedica a exportar coches, piezas de coches, recambios y demás que estaba quería ampliar mercado a Sudamérica. Fui a la entrevista y eran solo 3 personas allí, el dueño Israelí que solo habla Inglés y hebreo, y dos japoneses que hablan japonés e inglés a trompicones (uno que además trabaja desde casa y estaba allí por casualidad). Hablamos durante 3 horas y me dijo que lo hablarían entre ellos y que me llamaba. Al par de horas me llamó y me dijo: “hemos decidido que trabajes con nosotros”. Tres meses de prueba y la promesa de aprender Visual Basic para utilizarlo para scripts de excel y tal, porque se les había ido el que lo hacía.

Y volví a dejar el Bic Camera, otra vez en comunión total con todo el mundo y con un cariñoso “no te quiero volver a ver más otra vez por aquí como trabajador”. Lo dejé un domingo y al día siguiente comencé en la nueva empresa porque no quería dejar tiempo de por medio porque no me fiaba de nada ni de nadie.

Y todo esto hasta el viernes, que el jefe me dijo que contaba conmigo y que bienvenido.  Y que buscara una escuela para aprender a programar o que lo haga por mí mismo, pero que me lo paga él porque confía en mí, y que me daría soporte en lo que crea que me puede ayudar para mejorar en la empresa. Por fin.
Mi trabajo consiste en hacer fotos a piezas y artículos, contestar mails, llamar por teléfono, enviar paquetes… de todo un poco. 35 horas semanales y con un sueldo que me permite tener una vida decente y un ambiente que es casi como estar en familia. Ah, y los tobillos deshinchados!

He tenido que aprender muchas cosas en estos 3 meses pero ha sido muy divertido y no esta mal el trabajo, aunque como siempre ya estoy pensando en el próximo movimiento a hacer, porque no puedo estarme nunca quieto y no es el tipo de trabajo al que me gustaría dedicarme toda la vida. No es “lo mío” como se dice ahora, aunque a decir verdad no tengo un “lo mío” porque tengo tan poca autoestima que no me veo capaz de hacer nada. Me gustaría algún trabajo que consistiera en enseñar o ayudar a gente, ya sea cultura japonesa u otras cosas, haciendo fotos, pero habrá que seguir luchando para ello. Porque de esto lo que he aprendido es que si luchas por algo, eres constante, tratas a la gente como te gustaría que te trataran y eres agradecido con los de tu alrededor y con el país que te acoje (si vives fuera), es muy posible que consigas cosas.

Igual no lo consigues, pero se aprende mucho. Más que quedándose en un rincón lamentándote eternamente.

sábado, marzo 11, 2017

Siempre adelante: Un largo repaso a mi último año.

Hay mucho que contar sobre todo lo que ha pasado desde la última vez que escribí sobre mi vida por aquí. Es lo malo que tiene no tener prácticamente tiempo libre, así que igual me sale un texto algo largo aunque intentaré hacerlo lo más ameno posible.

Sin revisar artículos anteriores creo recordar que lo último que escribí fue sobre lo más o menos regular que lo llevaba en el Bic Camera de Shinjuku donde acababa de comenzar y que iba a entrar a estudiar en HAL Tokyo, un Instituto de Diseño bastante conocido sobretodo por su situación: en la Cocoon Tower de Shinjuku, concretamente en la rama de Diseño Gráfico. Comencemos por el Bic Camera:

Estaba en la sección de Fotografía, y debido a algunos desencuentros con un encargado (alguno lo expliqué en su momento) que llevaron a degradar a ese encargado a “simple empleado”, pedí que me cambiaran de planta y me cambiaron a la quinta, donde habían las secciones de Belleza, Juguetes y Videojuegos. Y aquí comenzó mi historia de amor con Bic Camera.

Los intérpretes no teníamos sección en aquella época, estábamos por ahí rondando y si había que ayudar en caja se hacía y si teníamos que atender a japoneses (los que hablábamos correctamente japonés) pues también. En esa época, a mediados de febrero, en recursos humanos aún no me conocían mucho y estaban un tanto recelosos de hacerme un contrato a tiempo total aunque me lo habían prometido (aunque por horas, de “arubaito”, no fijo. Una de las claves de este artículo), pero mis compañeros jefes de planta y de sección me tenían mucho aprecio porque me atrevía a todo y siempre estaba presto a ayudar para lo que fuera, por lo que los jefes de planta hablaron directamente con todos los superiores posibles para que me dejaran trabajar a tiempo completo. Es más: el encargado de videojuegos les dijo que me quería para su sección y a tiempo completo, que era imprescindible para él. Le escucharon y me cambiaron el contrato con la condición de ser intérprete pero “residente” de la sección de videojuegos. Eso me emocionó mucho porque irse fuera y que confíen en así en uno, imaginaos…

Y allí estaba yo, empecé prácticamente en la sección de videojuegos a tiempo completo (de domingo a jueves alternando de tardes y de mañanas) y en el HAL a la vez (tres veces a la semana por las noches). Me hice mi hueco y me sentía la mar de bien. Estaba trabajando en una de las tiendas de electrónica más importantes de Japón y en la sección de videojuegos! y en perfecta sintonía con mis compañeros que a la postre se convertirían en grandes amigos. Mi “consagración” fue los días de la copa intercontinental (la que ganó el Barcelona en diciembre de 2015). Se corrió la voz de que había alguien que hablaba español y comenzaron a venir cantidades ingentes de argentinos… y yo corriendo de arriba a abajo para atender a toda la gente que pudiera, cosa que me encantaba.
Atendí a tantos que incluso me hice “famoso” en algunos círculos y la gente venía directamente con una foto mía a información preguntando si “estaba Valo”. Hice unos cuantos amigos con los que aún mantengo el contacto actualmente.

Era muy feliz, pero me faltaba algo aparte del sueldo que era un poco bajo: un contrato fijo como empleado “normal”, no por horas, (cosa muy importante en Japón de cara al finado permanente y otro tipo de cosas más mundanas como alquilar un piso o ser más independiente), por lo que mientras trabajaba e iba a la escuela buscaba trabajo porque no me quedaba otra. No lo encontraba y me deprimí bastante. Pensaba que lo mío era imposible, que no iba a encontrar un buen trabajo en la vida y hasta tuve la tentación de echarlo todo por la borda (muy en serio, casi había tomado la decisión) pero un día de Mayo vino un cliente que trabajaba en una embajada de un país hispanohablante (en ese momento no lo sabía) y le ayudé con unos presupuestos y varios asuntos con toda mi dedicación, como siempre. Le caí en gracia y vino un par de veces e incluso vinieron más gente de esa embajada y me presentaban a sus familias y tal. Y en esas me dijo: el día que tenga vacante un puesto te llamaré y trabajarás conmigo. Me lo tomé a broma y mi calvario penal continuaba, pero al mes me llamó: “ha llegado tu momento”. Llevar papeleo y atender a japoneses básicamente. Me entrevisté en Junio con él y con el embajador y a principios de Julio me volvió a llamar para decirme que contaban conmigo. Había triunfado. Por fin todo el trabajo y esfuerzo había sido recompensado (de aquellas solo podia descansar un día a la semana, los sábados, y eso cuando no había clases extras en la escuela) y en el momento en el que peor lo estaba pasando salía airoso, como me ha pasado en multitud de ocasiones, aunque igual está relacionado con el hecho de ser constante y no rendirse nunca.

El día después hablé con mis compañeros y les expliqué todo y se alegraron por mí y tal, lo típico. Así que me pillé las vacaciones que me faltaban por hacer y dejé el trabajo. Fueron unos días muy felices porque estaba muy agradecido con mis compañeros, pero la vida sigue y necesitaba algo así. Por fin podría tener una vida normal. Todo era maravilloso otra vez. O no…

Los últimos días de Julio de 2016, 3 días antes de empezar en mi flamante nuevo trabajo en una embajada, me llamó el que iba a ser mi jefe y me dijo: “No sé cómo decirte esto, pero desde el gobierno central nos han dicho que no quieren darnos dinero para tu sueldo y el de otra persona que íbamos a contratar, por lo que no podrás trabajar aquí”… no daba crédito (aún no sé si esa razón es real o era algo para quitárseme de encima ni quiero saberlo), me quería morir en ese momento. Del todo a la nada más absoluta. Me sentía traicionado, humillado, decepcionado, triste: la estocada definitiva. Qué podría hacer?

(continuará... creo que mañana)

sábado, abril 02, 2016